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El mundo antiguo presente

Hace mucho, mucho tiempo y en esta misma galaxia señalé que por la falta de tiempo, por trabajo, por múltiples líos vitales y no tan vitales, no podía mantener este blog como me gustaría, actualizado, con reflexiones, curiosidades y apuntes del mundo antiguo. Lamentablemente, ahora mismo tampoco puedo garantizar un flujo continuo. Sin embargo, sin embargo… haré todo lo posible para aportar algunas cosas sin agobiarme con fechas ni opciones.

Hoy voy a dar pie a un congreso que se celebrará esta primavera en la Universidad de Sevilla y organizada por colegas y, sin embargo, amigos (los emoticonos mataron el sarcasmo y el doble sentido de las conversaciones en nuestros tiempos, así que no esperen que sitúe uno aquí). El tema es fascinante y da para debatir, hablar, polemizar y, por supuesto, investigar. No en vano, no faltan artículos, monografías o tesis. Me refiero al eco del pasado antiguo a lo largo de la historia y, en particular, con respecto a nuestro presente.

No es una temática nueva, cierto, pero la aproximación que ofrece este congreso es brillante puesto que se centra en eso que se hoy día se califica como cultura popular. La Antigüedad, ya sea el mundo grecorromano, el egipcio, protohistórico o mesopotámico, no ha dejado de brillar nunca a lo largo de la historia posterior ya fuera como etapa mítica o luminosa, misteriosa o esclarecedora… En definitiva, como una fase de la historia profundamente evocadora y que ha dejado su sello en todas las artes o mentalidades posteriores y no me refiero únicamente al paso acompasado y de tiempos largos de la historia. En este congreso se hará revista a la percepción y uso de este tiempo pretérito a través de las artes contemporáneas, del cine y la música, del tebeo a la literatura y pasando por el otium contemporáneo (imperdibles las sesiones sobre rol y wargames, EMHO) y su reconstrucción  y divulgación.

Aunque hay ponencias propias sobre esta última cuestión, sobre la divulgación, en realidad todos y cada uno de los aspectos tratados no abandonan este prisma. La historia antigua está viva, muy viva y sigue maravillando nuestros corazones, inquietándonos y atrapándonos y así lo mostramos cuando nos emocionamos a través de las ya inmortales palabras de Máximo Décimo Meridio…

"Mi nombre es Máximo Décimo Meridio, Comandante de las Ejércitos del Norte, 
General de las  Legiones Fénix, fiel servidor del verdadero Emperador 
Marco Aurelio. Padre de un hijo asesinado, esposo de una esposa asesinada 
y juro que me vengaré, en esta vida o en la otra"

… o de las duras páginas del buen tebeo de David Lapham, Calígula, o del incombustible Astérix y compañía de Goscinny y Uderzo, del lastimoso Claudio reinterpretado por Robert Graves o de ese Adriano de Yourcenar, o sumergiéndonos en el esplendor de esa Roma a través del rol mediante juegos como el aterrador Cthulhu Invictus o mediante la electrónica a través de videojuegos como el Rome Total War.

Sí, se pueden extraer muchas pegas y los historiadores somos así, y yo en particular reconozco que soy muy crítico con todo lo que veo (prometo en un futuro no muy lejano señalar todos los errores garrafales de ese engendro llamado ‘Arturo’), pero no por ello voy a negar la necesidad de estos enfoques, usos y abusos para, precisamente, conseguir que nuestra disciplina siga viva, siga produciendo ese hollywoodiense sense of wonder que nos aparte de un eruditismo difícil de aguantar para muchos. Y, qué demonios, también para pasarlo bien.

En definitiva… aquí dejo el programa y quien tenga la suerte de acudir a estas jornadas que disfrute y que aprenda.

cthulhuinvictus

calígulalapham

LA ACTUALIDAD DEL MUNDO ANTIGUO:
RECEPCIÓN, RECUPERACIÓN Y REINVENCIÓN DE LA ANTIGÜEDAD EN LA CULTURA
POPULAR CONTEMPORÁNEA

DIRECTORES:
Dr. Fernando Lozano Gómez
Dr. Alfonso Álvarez-Ossorio Rivas

PROGRAMA CIENTÍFICO:

DÍA 2 DE ABRIL DE 2014:

17.00 PRESENTACIÓN DEL CONGRESO
17.30 CONFERENCIA INAUGURAL: LA ACTUALIDAD DEL MUNDO ANTIGUO
Antonio Gonzales (Universidad de Besançon)

18.30 Pausa

Primera Sección: La Antigüedad en el cine y la televisión
19.00 Dioses, césares y gladiadores: la reconstrucción de Roma en el cine
Juan Manuel Cortés Copete (Universidad Pablo de Olavide)
19.30 Agamenón siempre llama dos veces. Antigüedad, cine y remake
Borja Antela (Universidad de Barcelona)
20.00 Televisión y Antigüedad
Rafael Marín
20.30 Debate

DÍA 3 DE ABRIL DE 2014:

10.00 El Egipto imaginado en el cine
José Miguel Serrano Delgado (Universidad de Sevilla)
10.30 La Banda Sonora Original de Roma: la reconstrucción acústica de una
civilización
Manuel J. Lombardo (Universidad de Sevilla)
11.00 Cine y Antigüedad
Francisco Salvador (Universidad de Granada)

11.30 Pausa
12.00 La Antigüedad hace mucho tiempo en una galaxia muy, muy lejana:
Ciencia ficción y mundo clásico
Fernando Lozano Gómez (Universidad de Sevilla)
12.30 Temas contemporáneos para el Mundo Clásico
Elena Muñiz Grijalvo (Universidad de Sevilla)

Segunda Sección: La Antigüedad en la novela histórica y el cómic
13.00 Los orígenes de la novela histórica de tema clásico: El caso de Pompeya
Mirella Álvarez Recio (Universidad Carlos III de Madrid)
13.00 La Antigüedad en la novela histórica contemporánea
Fernando Lillo Redonet
13.30 Debate
17.00 La novela histórica-policiaca de inspiración clásica
Cristina Rosillo (Video Conferencia-Universidad de Columbia)
17.30 Jesús en la novela histórica
Pedro Giménez de Aragón Sierra (Universidad de Sevilla)
18.00 Capa, espada, brujería y algo más. El Mundo Antiguo en la novela
fantástica.
Alfonso Álvarez-Ossorio Rivas (Universidad de Sevilla)

18.30 Pausa
19.00 El cómic clásico sobre la Antigüedad: Asterix
Salvador Ordóñez Agulla (Universidad de Sevilla)
19.30 Un cómic español de inspiración antigua: el Jabato
Eduardo Ferrer Albelda (Universidad de Sevilla)
20.00 Debate

DÍA 4 DE ABRIL DE 2014:

Tercera sección: La Antigüedad en otros géneros

10.00 Vivir la Antigüedad: juegos de rol de ambientación antigua
Juan Ramón Carbó García (Universidad Católica de Murcia)
10.30 Jugar en la Antigüedad: video-juegos sobre el Mundo Antiguo
Davide Antonio Secci (Universidad Autónoma de Barcelona)

11.00 Revivir el Mundo Antiguo: el recreacionismo como medio de difusión del
patrimonio arqueológico de Mérida
Miguel Alba Calzado (Consorcio Arqueológico de Mérida)

11.30 Pausa

12.00 La divulgación histórica. Una salida profesional: el caso de “Desperta
Ferro”
Alberto Pérez Rubio (Editor de Desperta Ferro-Madrid)
12.30 Los wargames de temática antigua.
Javier Gómez Valero (Editor de Desperta Ferro-Madrid)
13.00 Debate

16.00-18.00 Programa científico: Presentación de Pósters.

16.30-18.00 Programa de difusión:
16.30 Visita guiada a la exposición de Wargame
17.15 Visita guiada a la exposición de playmobil
18.00 Exhibición de recreacionistas

19.00 Pausa
19.30 CONFERENCIA DE CLAUSURA:
Luis Alberto de Cuenca
20.30 Clausura del congreso

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Tempus Barbaricum

Lamentablemente, mi idea original se ha visto frustrada. Quería incluir semanalmente una entrada en la que dar rienda suelta a mis obsesiones, a mis ideas relativas a la Antigüedad Tardía, pero he fallado. Últimamente mi tiempo se evapora y no puedo hacer lo que más me gustaría.

Por una parte, acabo de encontrar un trabajillo de profe a tiempo parcial en una universidad online y, por otra, estoy metido hasta el cuello en un seminario que se celebrará a primeros de marzo (aparte de otras muchas cosas). Hasta que no acabe, me será imposible retomar el blog.  Hasta que pueda volver a la normalidad, ésta será mi última entrada en el blog. No obstante, para quien le interese, dejo aquí la información del seminario y diversas direcciones de interés sobre el mismo.

No obstante, ¡volveré!

SEMINARIO “TEMPUS BARBARICUM. El Imperio y las Hispanias al final de la Antigüedad”  (1-3 de marzo de 2011)

Directores: Rosa Sanz Serrano y F. J. Moreno Arrastio. Coordinador, David Álvarez Jiménez.

JORNADA 1 DE MARZO

9,30 APERTURA DEL SEMINARIO Y DE LA EXPOSICIÓN TEMPUS BARBARICUM

Bienvenida: Rosa Sanz, codirectora del Seminario: Tempus barbaricum: un proyecto coral.

Intervenciones de apertura:

Sr. Rector Magnífico UCM, D. Carlos Berzosa.

Ilmo. Sr. Decano de la Facultad de Geografía e Historia, D. Luis Enrique Otero Carvajal.

Sr. Dr. Departamento de Historia Antigua, D. Julio Mangas

Sra. Directora del Instituto Arqueológico Alemán, Dra. Dirce Marzoli.

SESIÓN DE MAÑANA.-

Moderador: Prof. Julio Mangas

1-10,30-11,10- Hermann Parzinger, (SPKBerlín), Escitas y hunos en las estepas, una perspectiva arqueológica.

2.-11,10-11, 50-Pedro Barceló (Universidad de Potsdam), La deconstrucción del poder imperial

11,50-12,10- PAUSA CAFÉ.

3-12,10-12,50- Neil Christie (University of Leicester), Rome against Rome: Archaeology and Civil War in the 4th-6th centuries AD.

4-12,50-13,20- Francisco Javier Guzmán Armario (Univ. Cádiz), “4 de Septiembre de 476. ¿Una fecha oficial de la caída del Imperio Romano?”

13,20-14,00 DEBATE DE LA MAÑANA.

SESIÓN DE TARDE.-

Moderador: Prf. Carlos G. Wagner

5-16,00-16,40-José Ramón Aja (Universidad Cantabria), La última fortaleza romana en Egipto.

6-16,40-17,20- Enrique García Vargas (Univ. Sevilla), El comerciante y la ciudad en el Occidente tardoantiguo.

7-17,20-18,00- Gloria Mora (UAM), El fin del mundo antiguo, Gibbon y la pintura de historia del siglo XIX.

18,00-18,20- PAUSA CAFÉ.

8-18,20-19,00- Gonzalo Bravo, (UCM) La bagauda galo-hispana: ¿rebelión política o conflicto social?

9-19,00-19,40 –Juan José Ferrer (Un. Jaume I-Castellón), Economía agropecuaria en tiempos de crisis.

10-19,40-20,20-Julio Mangas (UCM), Crisis de la ciudad en Hispana durante el s. III p.C.

20,20-21,00-DEBATE.

JORNADA 2 DE MARZO.-

SESIÓN DE MAÑANA.-

Moderador: prf. Pilar Fernández Uriel

11-9,30-10,10- María Isabel Rodríguez (UCM), Iconografía del poder: los dípticos consulares.

12-10,10-10,50José María Blázquez (UCM), Los espectáculos en la Hispania romana.

10,50-11,10- PAUSA CAFÉ

13-11,10-11,50- Santiago Montero (UCM), Astrología y adivinación en el Bajo Imperio”.

14-11,50-12,30- Rosa García-Gasco (Carlos III), Aproximación a la Retórica en la Antigüedad Tardía

15-12,30-13,10- Victoria Escribano (Univ. Zaragoza), Identidad y herejía en la Hispania del s. IV: la construcción del herético.

16-13,10-13,50- Sergio González (Univ. Leicester), Escandinavia, Una visión “bárbara” sobre el fin del Imperio.

13,50-14,15- DEBATE.

SESIÓN DE TARDE.-

Moderador-Prf. José María Álvarez Martínez

17-16,00-16,40-Amparo Pedregal (Univ. Oviedo), Las mujeres cristianas y el concepto de alteridad en la Antigüedad tardía.

18-16,40-17,20- Carmen Blánquez (UCM), Las iglesias bizantinas de Petra.

19-17,20-18,00- Rosa Cid (Univ.Oviedo), La peregrinación de la virgen Egeria. La aventura de viajar por amor a Dios.

18,00-18,20-PAUSA CAFÉ

20-18,20-19,00- Purificación Ubric (Univ. Granada), La búsqueda de la paz interior en una época convulsa.

21-19,00-19,40-Victoria Peña(UCM), Muerte en la infancia. Cambio y continuidad en la antigüedad tardía.

19,40-20,45-DEBATE.

JORNADA 3 DE MARZO.-

9,30-11,45– MESA REDONDA: LAS MIGRACIONES HISTÓRICAS.-

Rosa Sanz Serrano (UCM), Las “invasiones bárbaras”, un modelo historiográfico.

David Álvarez (UCM), Los vándalos: el reino pirata.

Pablo Martín Prieto (UCM), Otro modelo de migraciones: la llegada del pueblo gitano a Castilla el s. XV.

Francisco Contreras Pérez (Univ. de Huelva), Las migraciones masivas como negocio; Andalucía a principios del siglo XX.

Silvia Marcu (CSIC), Geopolítica fronteriza e inmigración de la Europa oriental a España.

11,45-12,00 PAUSA CAFÉ.

12,00-14,15– MESA REDONDA: CAMBIOS ICONOGRÁFICOS EN ÉPOCA DE CRISIS-

Trinidad Nogales Basarrate (Museo Romano de Mérida), Programas decorativos urbanos tardíos: el ejemplo de Augusta Emerita.

Pilar Fernández Uriel (UNED Madrid), Púrpura. El color del poder.

José María Álvarez Martínez (Museo Romano de Mérida), Virtus y poder en la iconografía musiva bajoimperial

Antonio González (UCM), Pervivencias de la iconografía antigua.

14,15-16,00 COMIDA.

16,00-18,15- MESA REDONDA: CIENCIA Y PENSAMIENTO

José Ramón Pérez Accino (UCM), La ciencia en el Egipto Antiguo.

Francisco Lisi, (Carlos III), El neoplatonismo y la ciencia tardoantigua.

David Hernández de la Fuente (Carlos III), Hipatia: mártir del neoplatonismo.

Ilmo. Sr. Decano, D. Luis Enrique Otero Carvajal, (UCM), El mundo como representación. Cosmogonías y cosmologías.

18,15-18,30 PAUSA CAFÉ.

PROYECCIÓN DE PELÍCULA

“Atila, rey de los hunos” (1954) de Douglas Sirk.

Comentarios y presentación Francisco Salvador Ventura (Univ. de Granada)

Links:

https://sites.google.com/site/tempusbarbaricum/

http://www.facebook.com/pages/Tempus-Barbaricum/176939969009973

http://ucm.academia.edu/TempusBarbaricum

 

Tempus Barbaricum vuela, amigos. La inscripción se ha cerrado con un rotundo éxito y ahora viene lo mejor… ¡será el congreso de nuestras vidas!

Carpetovetonia

La semana pasada volqué en el blog el articulillo completo, sin censuras, que publiqué recientemente en La Aventura de la Historia relativo a los visigodos. Era la primera vez que escribía algo de pura divulgación y por eso me gustó mucho que varios amigos totalmente ajenos a la historia lo leyeran y, de este modo, pudiera pulsar cómo podía haber caído mi contribución entre la mayor parte de los lectores de esta revista, que según la OJD tiene una divulgación de más de 70.000 ejemplares mensuales. Uno de estos amigos es Rubén Fernández, estupendo programador y desarrollador de apps para Iphone y Ipad . Por una parte, me dijo que le había parecido muy denso, lo que comprendo porque trataba de resumir de aquella manera siglo y medio de historia convulsa y, por otra parte, que había utilizado cierto lenguaje que se le había atragantado y que desconocía. En concreto, el amigo Rubén se refería a “carpetovetónico”, un término que reconozco que es infrecuente pero suponía más extendido. Casualmente, con anterioridad, antes de enviar a La Aventura el artículo, la propia Rosa Sanz me dijo que debía quitarlo del texto por las mismas razones que finalmente refrendaría Rubén. No me acordé de hacerlo y finalmente salió publicado.

Según el diccionario de la RAE, carpetovetónico tiene los siguientes significados:

carpetovetónico, ca.

1. adj. Perteneciente o relativo a los carpetanos y vetones.

2. adj. Dicho de una persona, de una costumbre, de una idea, etc.: Que se tienen por españolas a ultranza, y sirven de bandera frente a todo influjo foráneo. U. m. en sent. despect.

Obviamente, no me refiero a la primera acepción… de la que desconocía su existencia, sino a la segunda.

¿Cuál era el contexto de carpetovetónico? Utilicé este adjetivo en el contexto de la rebelión del primogénito del gran rey Leovigildo y de la siguiente manera:

No obstante, su obra [de Leovigildo] sufrió un contratiempo con la rebelión de Hermenegildo tras la conversión de éste al catolicismo. En contraste con la historiografía más carpetovetónica, hoy día no se considera que la motivación última de la rebelión fuera religiosa, sino meramente política.

Con historiografía carpetovetónica obviamente me refiero a la historiografía a la antigua usanza que en España puede calificarse de nacionalcatólica, reaccionaria y a mayor gloria de la santa madre iglesia, que tuvo un gran recorrido.  Véase aquí, aquí, aquí, aquí, aquí etc.

Mientras estaba reflexionando sobre lo que me había dicho mi amigo, me acordé de un viejo tebeo que había leído decenas de veces cuando era niño y que aún poseo. Se trata del relato en arte secuencial de la biografía de San Hermegildo, perteneciente a la colección Vidas Ejemplares –que también se ocupó de mostrar en papel las vidas de otros cristianos de la Antigüedad como San Juan Crisóstomo o San Jerónimo etc.– y publicada por la editorial mexicana Novaro. Sí, aquélla que llevó por primera vez los tebeos de DC a España y en donde se traducía a Batman como el Hombre Murciélago y a su protagonista Bruce Wayne como Bruno Tapia. No sé cómo llegó a mis manos, pero tengo cientos de tebeos de los años 40, 50 y 60, incluidos muchos de los míticos TBO. He aquí una foto del ejemplar:

Se corresponde con el número 122 del año octavo de la colección de Vidas Ejemplares y fue publicado en México el 1 de abril de 1962, si bien no sé cuando llegó a España aunque el primer dueño de este tebeo pagó 8 pesetas por él. El guión pertenecía al Padre Carlos de María y Campos, la adaptación al medio tebeístico a Javier Peñalosa y el dibujo a Alfonso Tirado, mientras que la portada la firmó Ruy.

Este tebeo no tiene precio, tanto a nivel de guión como de dibujo y, desde luego, es un extraordinario ejemplo de “carpetovenía” rampante, tanto que voy a realizar un análisis del mismo.

Comencemos por la presentación del mismo. Leovigildo y su hijo Hermenegildo hablando sobre el futuro, con Recaredo en un segundo plano.

Hay muchos elementos interesantes. Por una parte, en la primera viñeta, se observan los míticos montes de Toledo –nevados y todo– que, por mor de la generosidad del dibujante, nos los acerca unos cientos de kilómetros a la que es de suponer Sedes Regiae de Toledo. Asimismo, nos ofrece las últimas novedades de la moda pret-à-porter visigoda, las capas blancas con topos amarillos, ideales para irse de romería al Rocío. Por otra parte, nos indican como el peinado tazón hacía furor entre los visigodos. He aquí un primer plano de ambos protagonistas:

Obsérvese la imagen del heredero al trono godo, despierta, decidida, resuelta. Sin duda, como también ha querido recalcar el autor, era un personaje de gran olfato político.

Poco después, ambos partían hacia Sevilla –que no Hispalis, según el tebeo–, en donde se acordó las nupcias entre Hermenegildo y la hija del rey de Austrasia, Sigiberto. He aquí la alegría que mostró Goswinda, esposa actual de Leovigildo y viuda del rey Atanagildo:

Ya se observa el amor filial de Goswinda hacia la prometida de su hijastro Hermenegildo. Obviamente, como se deduce de sus palabras, por fin había encontrado la reina Goswinda compañera para hacer macramé.

Hermenegildo e Ingundis se casaron…

… y como se puede ver, el alcohol corrió libremente. Pero algo atribulaba a la princesa franca y no era su mal aliento ni los ronquidos de su amado.

La pobre andaba atribulada porque Hermenegildo seguía el arrianismo, que aquí califica de secta. Valga indicar que mientras los visigodos denominaban a su credo arriano como religio catholica, definían al católico como religio romana. No me extraña que la pobre Ingundis estuviera hecha un lío.

Ingundis perseguía en su afán redentor a su amorcito por todas partes, incluso en el jardín que, como sabemos en aquel tiempo, era el lugar destinado al retrete regio. He aquí una muestra de ello:


Las cosas no iban bien, así que le llevó al pobre a que un amigo suyo llamado Leandro, a la sazón obispo de Sevilla, le convenciera mientras Ingundis le rezaba a una cruz de piedra sospechosamente similar a una cros Cheilteach o cruz céltica irlandesa.

Hermenegildo ante tanta pesadez, finalmente dijo que sí.

Como estaba más contento que unas pascuas, Hermenegildo nos legó un invento para la historia, las medallas conmemorativas de comunión…

… porque obviamente no eran monedas de curso legal, representación de la soberanía de un monarca pleno que rompía con la supremacía de su padre y que, en consecuencia, planteaba un golpe de estado contra el legítimo ocupante del trono. Tampoco se comprendería de otro modo que aparezca la leyenda “Huid del hombre del saco”, perdón, digo “Huid del Hombre Herético”.

Claro, Goswinda, a la que solo le falta el espejito, espejito mágico, se cabrea, pues se quedaba sin compañera para el club de primeras damas arrianas y decide visitar a la dulce parejita.

Sin embargo, decidida a restituir las cosas a su sitio, la reina Goswinda asume que no hay mejor forma de reconciliación con su nuera que llevarla a la peluquería.

No obstante, a Ingundis no le gusta el look Llongueras. Apesadumbrada, Goswinda decide remendar su equivocación y la regala una estancia en una clínica naturista con sesiones gratuitas de hidroterapia.

A Hermenegildo no le gustan las mercedes de su madrastra y se queja a su padre, el rey Leovigildo (ya afeitado). Claro está, este último no le da la razón y de este modo se declara la guerra entre padre e hijo. Por supuesto, no tiene nada que ver el que Hermenegildo abjurara de su padre previamente y se rebelara. Las mujeres, que son muy malas.

Hermenegildo se acuartela en Sevilla y se trae a unos amigos del extranjero, unos bizantinos que ya llevaban un tiempo en la Costa del Sol que, como es bien sabido, será de aquí en adelante una zona que atraerá a todo tipo de extranjeros y más si son bullangueros. Si no, que se lo pregunten a los africanos o italianos que habían sufrido sus juergas con anterioridad.

A partir de aquí, comienza el delirio. Tras tres años de asedio, las cosas no van bien y el blando del Príncipe de Beckelar godo se arrepiente. Como buena católica, Ingundis le ofrece su hombro para llorar.

Leovigildo que es otro blando, también lo estaba deseando. Atención al modelito Capitán Trueno del rey de Toledo.

Leovigildo, extasiado decide enviar como líder de la legación a su otro hijo Recaredo. Para contactar con él, hace uso de la más alta tecnología del período, aquélla que marcaría el camino a la modernidad…

… ni más ni menos que, al más puro estilo de los Morancos, ¡a grito pelado!

De acuerdo con el curso dramático de los acontecimientos, Recaredo marcha a Sevilla y ante la muralla le pregunta a su hermano si va a casa de un amigo o de un enemigo. Hermenegildo enfervorecido, se reencuentra con su hermano y la soldadesca le aclama como rey… lo que no suena a mucha reconciliación.

Los dos hermanos van de la mano a la corte de Toledo, donde Leovigildo espera a su hijo el descarriado. Curiosamente no pasa nada, se olvida todo y todos tan felices. ¿Todos? No, una persona no está tan contenta…

La infatigable Goswinda no perdona y desea ¡vendetta, farfalla, vendetta! No obstante, avisado por un misterioso individuo, Hermenegildo, decide que su familia disfrute de un crucero por el Mediterráneo mientras él se queda de Rodríguez en Spania.

Goswinda se cabrea…

Decide tomar un rumbo berlusconesco en el asunto y realiza una opa amistosa a ciertos súbditos, para que vayan difundiendo rumores sobre las ansias de poder de Hermenegildo (ojito a la segunda viñeta, ¿parálisis facial o un guiño? Chi lo sa…).

Leovigildo se entera de estos rumores que apuntan al deseo de su hijo de destronarle en conjunción con los bizantinos (ya van dos) y se cabrea por fin. Hermenegildo acaba en el trullo acompañado por dos parientes cercanos de Mickey Mouse.

A Hermenegildo le visita su padre, que lleva en la cabeza algo similar a un plato para el whiskas y éste le acusa. En un primer momento le pregunta por su rebelión y la ayuda bizantina, a lo que su hijo  responde que a éstos los desbandó una vez que se acabó todo el lío anterior… cierto, como hemos destacado, estaban en la Costa del Sol. [Una pena que sepamos que los bizantinos dejaron de apoyar a Hermenegildo porque Leovigildo les compró]

Total, que le convence… y aquí vamos al meollo.

¡Aquí está el quid! Que es católico… da igual que se hubiera rebelado, que se hubiera comportado como un usurpador y que hubiera buscado en su ayuda a una nación extranjera. Todo eso da igual, lo importante es sí cree que la sustancia de la trinidad es la misma o sí se compone de blandiblú ¡Y encima el niño le echa la bronca al padre!

Normal que se cabreara papa Leovigildo. A continuación, Hermenegildo le pide al carcelero ¡pluma y papel para escribir a su mujercita! No vamos a entrar aquí en disquisiciones históricas sobre la introducción del papel en Occidente y el uso de la pluma en la escritura… Ya hemos dicho que Hermenegildo es un flojo y, en consecuencia, se duerme mientras escribe.

Una lluvia dorada de repente se presenta (¿no es un poco paganizante esto?) y le dice que tenga fe bla bla bla

Poco después, pese a que Hermenegildo pidió tinta y pluma, pero no sobre ni sellos, le llega la epístola Ingundis. La pobre se lo toma mal, mientras lee la epístola a la vera de un arco de herradura con decoración aparentemente andalusí (¡toma!)

Erre que erre, Hermenegildo pide un sacerdote católico para recibir los sacramentos. Leovigildo le dice que nanay, que si le acepta a uno de su “secta” (sic), le perdona y todos tan felices. Menudo padrazo Leovigildo…

Hermenegildo se niega, claro. No puede abandonar una fe que no solo le llevará al cielo, le convertirá en santo, le hará protagonista de tebeos… sino que también, provoca que le crezca más rápidamente la barba que el pelo y que le hace parecerse sospechosamente a cierto neohippy que vivió en época de Augusto. ¿Cómo va a renunciar al chollo del catolicismo?

Leovigildo no le deja confesarse con un clérigo católico y Hermenegildo enfila el último viaje de su vida acompañado de un tipo vestido con pantalones y una capucha modelo fantasma del Pacman.

Finalmente, la belleza de las onomatopeyas nos devela el destino del susodicho, un masaje en las cervicales, mientras que Hermenegildo se acuerda de los suyos rodeado de una nube tóxica rosita. Sin embargo, fíjense en que el hacha es mágica, pues en la viñeta anterior es el doble de grande que en ésta.

Una vez que Hermenegildo desaparece del mapa, le sigue poco después su mujer. En ese momento, Leovigildo le da el trono a su otro hijo Recaredo, quien siente un estremecimiento que (aparentemente) no deriva de una mala digestión.

Recaredo coronado, hace un anuncio en un banquete… ¿qué sería? ¿bajada de impuestos? ¿una mejora en los planes de pensiones del reino?

¡No! El propio Recaredo también abjura del arrianismo. Ojo al detalle, abraza la cruz para demostrarlo… un dato interesante porque como es sabido, los arrianos no adoraban a la cruz sino a la representación icónica del Gran Spaghetti Volador.

Entre los godos se dispersa las ventajas y milagros del catolicismo, sin que sepamos a ciencia cierta que hubiera también oro de por medio y finalmente se convierten “casi todos”.

¿Todos? No, en su trono quedaba el irreductible Leovigildo, que ya estaba solo para sopitas y no quería desprenderse de su error (ains, alguien debería haberse documentado mejor).

Finalmente, queda el final Disney.

Sí, la doctrina del amor y de la fe de la iglesia católica, aquélla que fundamentó ideológicamente el terrible antisemitismo visigodo, aquélla que mangoneó en todos los aspectos de la vida del reino a través de los concilios y que en una ocasión, bajo la figura del metropolitano toledano, sustentó un golpe de estado.

En definitiva, este tebeo es una buena muestra de lo que quise decir en el articulillo de La Aventura. Carpetovetónico y profundamente antihistórico, propagandista y falso como un billete de tres euros. Aunque he hecho alguna referencia a ciertos errores históricos, que son innumerables, no vale la pena realizar un análisis en conjunto de los mismos ni tampoco una elaboración plena de la historia de este período. Baste decir que la rebelión de Hermenegildo no estaba motivada por cuestiones religiosas, ni tampoco la reacción de Leovigildo ni está bien bosquejado el desarrollo del conflicto, ni la muerte de Hermenegildo ni, en absoluto, la conversión goda. La veracidad histórica es un elemento accesorio a este tipo de textos y a este tipo de comprensión histórica que hasta hace no mucho estaban bien presentes en la historiografía hispánica y que, por supuesto, perviven en el imaginario católico. Quien quiera profundizar más sobre estos temas, les recomiendo dos libros de fácil acceso y en castellano en donde encontraran respuestas de calidad a éstas y otras cuestiones deformadas o ignoradas en esta Vida Ejemplar. Por una parte, vale la pena recurrir el clásico de E. A. Thompson (2007) Los Godos en España, Alianza, Madrid, aunque no sea uno de los trabajos más brillantes de este enorme historiador británico y, por otra, el más reciente y muchísimo más actualizado volumen de Rosa Sanz Serrano (2009) Historia de los Godos. Una epopeya histórica de Escandinavia a Toledo, La Esfera de los Libros, Madrid.

That’s all folks!

Los visigodos, esa gente de mal vivir

Hace apenas un mes, publiqué una modesta contribución en La Aventura de la Historia (diciembre 2010) dentro de un dossier sobre el Reino Visigodo de Spania conjuntamente con la inigualable Rosa Sanz y el imprescindible Saúl Martín. Mi parte estaba enfocada a describir la última etapa del reino godo y así lo hice. Quizás alguno me acuse de tremendista o de repetir tópicos con respecto a los visigodos, pero desafío a cualquiera a que contradiga los defectos estructurales del Reino Godo hispano, comunes a todos los reinos germánicos de primera generación -y en buena medida legados del mundo imperial-, y el desastroso papel jugado por la clerecía católica después de la conversión.

A diferencia del texto de La Aventura, aquí incluyo la versión completa del mismo, sin variaciones y con el título original que propuse, un homenaje a Gibbons en clave gótica. Comprendo que quizás no venda como el final utilizado, pero me siento más afín. Desde una perspectiva puramente goda, que no tiene porque coincidir ni con la de sus súbditos hispanorromanos, comienzo con un ligero comentario con respecto al más grande rey que disfrutaron, Leovigildo y acabo con unos bosquejos sobre el final de un reino que se prolongó más tiempo del que a priori debía, más una pequeña encuesta no muy científica.

Auge y caída de la Spania goda.

Con la llegada al trono de Leovigildo (569-586), se abría un nuevo ciclo en la historia visigoda. Su hermano Liuva le había asociado al trono en el año 569 y le legó el gobierno de Hispania mientras se ocupaba de la Septimania, amenazada por las perennes ambiciones merovingias. Leovigildo tuvo ante sí un duro reto, restaurar la Spania gótica después de los desencuentros y calamidades sufridas en las décadas anteriores, como las numerosas revueltas internas y la penetración bizantina en la península. Por otra parte, amplios territorios hispanos escapaban a la soberanía visigoda. Aunque fuera el pueblo más importante de Hispania, el godo no dejaba de ser una gens más. De esta manera, Leovigildo afrontó con éxito a los bizantinos, sometió a la rebelde Córdoba, conquistó La Oróspeda y controló unos movimientos campesinos levantiscos cercanos, similares a la antigua bagauda. Más tarde, emprendió una serie de campañas en el noroeste, en las cercanías del Reino Suevo y en los márgenes de la antigua Cantabria contra ciertos pueblos que, gobernados por sus aristocracias locales, vivían independientes desde prácticamente la desaparición del Imperio. Asimismo, afrontó a los irreductibles vascones, temidos por sus razzias, y creó la ciudad de Victoriacum (Vitoria) como defensa.

No obstante, tan importantes como esta ampliación de la soberanía desde el plano territorial fueron sus esfuerzos en consolidar la monarquía y el Estado visigodo. De este modo, acentuó la diferenciación entre el monarca y la sociedad goda al adoptar como propios determinados elementos de majestad bizantinos; procuró asentar una sucesión hereditaria y evitar la recurrente violencia en la sucesión al trono al asociar a sus hijos Recaredo y Hermenegildo; intentó difuminar las diferencias en el reino entre hispanorromanos y godos gracias a su revisión del Código de Eurico, aboliendo la antigua prohibición tardorromana de los matrimonios mixtos y reformó la administración civil y militar del reino según también el modelo bizantino. Por otra parte, ejecutó una serie de purgas violentas contra la irredenta nobleza gótica y amplió el tesoro real mediante las incautaciones de las propiedades de ésta para así financiar sus continuas campañas militares y ganarse el apoyo de la propia nobleza. Finalmente, Leovigildo designó Toledo como Sedes Regiae del Reino Godo, en contraposición con la corte itinerante anterior.

No obstante, su obra sufrió un contratiempo con la rebelión de Hermenegildo tras la conversión de éste al catolicismo. En contraste con la historiografía más carpetovetónica, hoy día no se considera que la motivación última de la rebelión fuera religiosa, sino meramente política. No en vano, las propias fuentes hispanas rechazaron darle esa cobertura, pese a que Hermenegildo finalmente fuera asesinado. Con posterioridad, el hecho más notable de Leovigildo fue la conquista del Reino Suevo –que había ayudado a Hermenegildo– en el año 585, después de aprovecharse de su conflictiva situación interna.

Al año siguiente Leovigildo moría y ocupó su lugar Recaredo (586-601). Ésta fue la primera vez en la historia del Reino Godo de Spania que le sucedía directamente a un monarca su descendiente. Aunque Recaredo también brilló en el plano militar, como lo demuestran sus campañas contra los francos, pasó a la historia por continuar la obra integradora de su padre y ser el propiciador de la unificación religiosa del Reino al abjurar del arrianismo en el año 587 y, tras salvar diversas rebeliones proarrianas, rechazarlo en el III Concilio de Toledo del año 589. De esta manera comenzaba una nueva era en la Spania goda. A diferencia de la clerecía arriana, la católica –mayoritariamente hispanorromana– ocuparía un lugar cada vez más importante y central en la vida del reino y, asimismo, ni ésta ni los monarcas ulteriores se mostrarían en absoluto tan tolerantes con las otras confesiones y religiones que convivían en la Península Ibérica. Como ejemplo de esta integración, la arqueología ha confirmado la progresiva desaparición de todo elemento de origen germánico en la sociedad goda. Asimismo, destaca el reinado de Recaredo por la aparición en escena de Isidoro de Sevilla, la más importante luminaria de las letras del Reino Visigodo.

No hubo ningún rey posterior a Recaredo que cuestionara su política religiosa y, de hecho, todos continuaron su obra. En este sentido destaca Sisebuto (612-621), un monarca curioso que, por una parte, dio muestras de gran vitalidad guerrera tanto en el norte de Spania como en el sur, pues sus acciones debilitaron enormemente a la Marca Hispánica bizantina –cuya conquista fue culminada por su general Suintila (621-631), rey tras el fugaz Recaredo II, el hijo de Sisebuto–, si bien se le conocen expresiones de repudio por las matanzas derivadas de sus actos y, asimismo, es el único rey godo del cuál conocemos una cierta ambición literaria. Sin embargo, pese a esta actitud, legisló muy duramente contra los judíos y programó sus primeras conversiones forzosas. Tan duro fue que incluso el obispado hispano, encabezado por Isidoro, protestó –tibiamente– contra sus decisiones en el IV Concilio de Toledo.

Las décadas posteriores a la muerte de Suintila fueron tumultuosas y desgraciadamente mal conocidas. No obstante, los concilios ofrecen ciertos detalles importantes como, por ejemplo, el uso que hizo el rey Chintila (636-639) de los V y VI de Toledo, en donde se aseguró el apoyo eclesiástico para el mantenimiento de la monarquía y la condenación de aquéllos que conspiraran en contra de ésta –es decir, estas rebeliones, a diferencia de las del s. VI, no procuraban la creación de poderes independientes, sino el mismo trono. La unidad de Spania de Leovigildo era una realidad–, y también se prohibió la posibilidad de que un hispanorromano accediese al trono. Éste es un dato inequívoco de la existencia de numerosas conjuras antes y durante este reinado y, asimismo, una prueba de la creciente importancia de la iglesia en los asuntos del reino. Paradójicamente, estas disposiciones fueron continuadas a rajatabla por Chindasvinto (642-653), uno de los sucesores de Chintila y a su vez un usurpador, puesto que le había arrebatado la corona a Tulga tras tonsurarle y seguir una de las instrucciones del VI Concilio, que prohibía que cualquier tonsurado aspirara al trono. En consonancia, provocó una purga de aquéllos que habían intervenido en conspiraciones anteriores y promulgó, entre otras medidas, la muerte para todos aquéllos que se alzaran en el futuro en armas o que pidieran ayuda extranjera, fomentó su delación y dictó castigos similares al clero. Asimismo, planificó la supresión del viejo derecho romano, pero esta idea no fue culminada hasta que ocupó el trono su hijo Recesvinto (653-672). Esta obra jurídica capital, conocida como el Liber Iudiciorum, estaría vigente en el derecho hispano durante toda la Edad Media. Asimismo, con su publicación, Recesvinto apuntaló la definitiva defunción del sistema administrativo romano de Spania.

Pese a los esfuerzos de los monarcas, los citados y otros como el obligatorio juramento de fidelidad al rey, por evitar el célebre Morbo Gótico, la ausencia de un sistema de sucesión firme impidió que continuaran las rebeliones internas, como la protagonizada por un hispanorromano, el dux Paulo a Wamba (672-680), sucesor de Recesvinto. Wamba comprendió perfectamente algunas de las debilidades máximas del reino y, por ello, dictó una ley militar que castigaba duramente a aquéllos poderosos, incluidos clérigos que, viviendo en las cercanías de un conflicto, interno o externo, no acudiesen con su mesnada en la defensa del reino. Ésta fue una respuesta a la fragmentación del reino y a la debilidad del rey como militar en jefe del mismo.

Ervigio (680-687) sustituyó a Wamba cuando éste, creyéndose mortalmente enfermo, tomó los hábitos y la penitencia y le designó como sucesor. No obstante, el viejo rey sobrevivió y, pese a intentar recuperar el trono, fracasó ante el empeño de Ervigio, quien para asegurarse el poder realizó enormes concesiones tanto a la iglesia como a la nobleza debido a lo rocambolesco de su coronación. Éste le confió en su lecho de muerte el reino a su yerno Egica (687-702) que, paradójicamente, persiguió con extrema dureza a la familia de su suegro a la par que promulgó una legislación ad hoc para evitar que alguien dañara de igual manera a su suya. No obstante, débil como era, sufrió un intento de usurpación patrocinado, y esto es novedoso, por el propio obispo metropolitano de Toledo. Le sucedió su hijo Witiza (702-710), tratado con benevolencia por las fuentes, si bien la perenne incertidumbre gótica resurgió con su muerte y con el reinado subsiguiente de Rodrigo, quien parece haber logrado el trono fraudulentamente y que, por ello, se enfrentó con aspereza con los descendientes de Witiza. Éste, el último rey godo de Spania, vio como se derrumbaba el reino en torno suyo cuando los musulmanes le derrotaban en la batalla del río Guadalete en el año 711. En apenas unos años éstos dominaron la península, no sin que en este corto intervalo de tiempo los propios godos se enzarzaran en una última guerra civil.

En definitiva, el reino visigodo estaba condenado al fracaso por su extrema debilidad estructural. La monarquía goda no era viable por la fragmentación del poder del reino pese a los esfuerzos de sus reyes, desde que Leovigildo plantease las semillas de la Spania gótica, tal y como se observa en su paranoica actividad legal destinada fundamentalmente a sostener su poder y pese a sus intentos de integración con la población hispanorromana. Al irredentismo centrípeto tradicional de los potentes godos, se añadió un nuevo actor en el drama, la iglesia católica que, a diferencia de la arriana, tenía ánimo protagonista en la vida del reino y así lo hizo notar fundamentalmente a través de los concilios. Su caída era cuestión de tiempo y la llegada a la península de un enemigo fuerte, cohesionado y determinado provocó la caída en cadena de un régimen sin más hilazón que la de su nombre.

Otros temas colaterales.

Asimismo, aparte del cuerpo central del texto, incluí tres aspectos monotemáticos íntimamente relacionados con esta última fase de la historia de los godos de Spania. He aquí el texto completo de los mismos, uno de los cuáles no aparece en la revista.

Los judíos en el Reino Godo de Spania.

La existencia del pueblo judío nunca fue fácil en el Imperio Romano. Ni antes ni, sobre todo, después de la aceptación del cristianismo como su religión oficial. La patrística da sobradas muestras sobre el desprecio y la desconfianza mostrada hacia ellos. De esta manera, mientras Atanasio de Alejandría les consideraba “los enemigos del mundo”, Juan Crisóstomo influenció enormemente en la consideración del judío como el pueblo deicida y el enemigo del dios cristiano. Esta perspectiva tuvo su reflejo jurídico tardorromano y como tal fue asumido por los godos en el Código de Eurico. Sin embargo, mientras el Reino Visigodo fue arriano, los judíos disfrutaron de una existencia relativamente cómoda en contraste con las restricciones contemporáneas católicas. Todo cambió con la conversión de Recaredo y ya en el III Concilio de Toledo se promulgaron las primeras restricciones visigodas. Sin embargo, la persecución propiamente dicha comenzó con Sisebuto, quien practicó las primeras conversiones forzadas, amparándose en la supuesta traición judía contemporánea a Constantinopla en su conflicto con el Imperio Persa, y cuyas medidas tan terribles le valieron una apática amonestación por la clerecía católica. No un rechazo, porque la jerarquía católica no solo respaldaba esta cruzada sino que la abrazaba con entusiasmo, como lo demuestran las alabanzas del VI Concilio de Toledo ante la determinación de Chindasvinto de acabar con la “superstición judía”. La persecución, con la política de conversiones forzosas y las continuas restricciones que se les planteaba en la vida pública, social y económica del reino, fue subiendo de tono con el paso del tiempo y así se observa fundamentalmente en los reinados de Recesvinto, Ervigio y Egica, quien aseguró en el XVI Concilio de Toledo su voluntad de destruir el judaísmo. No resulta extraño que los judíos recibiesen con esperanza a los nuevos señores de Hispania, los musulmanes.

Las difíciles relaciones de la Spania goda con la Galia Merovingia.

La humillante derrota visigoda de Vouillé en el 507 a manos de Clodoveo no solo supuso el final del Reino de Tolosa, sino el comienzo de unas relaciones tormentosas entre estos dos pueblos vecinos –a un nivel incluso intelectual, si se comparan las obras de Isidoro de Sevilla y de Gregorio de Tours– que se prolongaron hasta la caída del Reino Godo. No en vano, los visigodos retuvieron una parte de la Galia, la Narbonense o Septimania, eternamente codiciada por los francos. Lo cierto es que nunca hubo una guerra declarada entre ambas partes, pero sí numerosas escaramuzas fundamentalmente protagonizadas por los francos ante la inacción goda, pese a que su poderío militar era muy superior. Ciertamente, la división del Reino Godo debía dificultar la asunción de una política general más agresiva. Pese a las iniciales diferencias religiosas, éste nunca fue un factor decisivo y, de hecho, el rey Gontrán de Borgoña llegó a apoyar a los rebeldes arrianos de la Narbonense con penoso resultado. Más frecuentes fueron los conflictos a consecuencia de los matrimonios mixtos concertados, que frecuentemente acababan en desastre conforme las princesas francas se negaban a convertirse repetidamente al arrianismo –en contraposición con las más dóciles visigodas–, como ocurrió en el caso de la muerte de Ingundis, la esposa de Hermenegildo, que propició razzias francas contestadas por Recaredo, quien realizó las únicas expediciones de castigo visigodas. Asimismo, en el contexto de la conquista sueva, se produjo un curioso incidente que conocemos a través de Gregorio de Tours. Al parecer, con el objeto de torpedear cualquier auxilio franco, Leovigildo ordenó interrumpir el comercio entre ambas partes mediante un ataque pirático en el Cantábrico. Posteriormente, los ataques francos se harían más esporádicos hasta que una nueva penetración desastrosa en el año 631 marcó el final de su belicosidad.

El III Concilio de Toledo.

Aunque se había convertido al catolicismo en el año 587, el definitivo abandono del arrianismo del Reino Godo tuvo lugar en el año 589 conformé por decisión regia fue convocado y celebrado el III Concilio de Toledo. Recaredo realizó esta intervención en la apertura del sínodo, toda una declaración de intenciones: “cuando los católicos sostenían y defendían la constante verdad de su fe, y los herejes, apoyaban con animosidad más pertinaz su propia perfidia, yo también… encendido por el fervor de la fe, he sido impulsado por el Señor para que, depuesta la obstinación de la infidelidad y apartado el furor de la discordia, condujera a este pueblo que servía al error, bajo el falso nombre de religión, al conocimiento de la fe y al seno de la Iglesia católica”. De tal manera, concluyó que “por lo cual, del mismo modo que anatematizo a Arrio con todos sus dogmas y todos sus cómplices, el cual afirmaba que el Hijo Unigénito de Dios era de sustancia inferior a la del Padre y no engendrado por este, sino creado de la nada, y anatematizo a todos los concilios de malvados que celebraron en contra del santo Concilio de Nicea”. De esta manera, acompañando a su rey diversos obispos arrianos abjuraron de su fe y declararon que “todo aquel que todavía desee retener la fe y la comunión arriana, la misma que hemos conservado hasta ahora, y no la condena de todo corazón, sea anatema”. Por supuesto estas palabras despertaron el fervor de los obispos congregados, que le agradecieron de la siguiente manera sus actos: “¿y a quién Dios ha concedido un mérito eterno, sino al verdadero y católico rey Recaredo?”. No extraña que ya entonces, Recaredo fuera comparado con Constantino I, tal y como dejó escrito en su crónica Juan de Biclaro.

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Apología de la Antigüedad Tardía

Hace apenas un par de días me encontré de casualidad un texto, un texto de Peter Brown que se correspondía con una lección abierta que nos ofreció a los lamentablemente pocos que le pudimos ver en el I Congreso New Perspectives on Late Antiquity (Segovia, octubre del 2009), germen del estupendo Centro Internacional de Estudios sobre la Antigüedad Tardía “Teodosio el Grande”. Sospechosamente se asemejaba bastante a otra conferencia que le escuché al propio Peter Brown en el año 2007 en Oxford, con motivo de la inauguración del Oxford Centre for Late Antiquity, el OCLA, dirigido por Bryan Ward-Perkins. A Peter Brown le perdonamos esto y muchas más cosas, a fin de cuentas, él es el gran gurú del concept itself de Late Antiquity y el que en ambas ocasiones argumentara lo mismo no se debe tomar con mala sangre, en absoluto, sino como la demostración de que consideraba a su auditorio del mismo nivel a aquel oxoniense que más bien parecía una paralela del star system británico de la historiografía de este período. A fin de cuentas, los grupos de música cuando van de gira cantan las mismas canciones o, en el caso del teatro, Faemino y Cansado estuvieron una década con el mismo espectáculo y no por ello dejé de verlos tres o cuatro veces.

Este texto se nos proporcionó con antelación a los asistentes por si acaso alguien se mostraba incapaz de entender el inglés tan fino, sabio, transparente y delicioso del maestro irlandés. Sus palabras flotaban en el aire, a la espera de ser prendidas y saboreadas. Con los años he descubierto –un poco a mi pesar– que en los congresos, seminarios, coloquios, encuentros etc, etc, etc., cada vez presto menos atención salvo que esté predispuesto a tal o cual tema y, en consecuencia, espero a la publicación. En el caso de esta lectura de Peter Brown no albergaba hastío antes, ni desconecté durante y, mucho menos, me arrepentí después. Los críticos de cine, más o menos pedantes, cuando ven algo que les estremece –para bien–, hablan de verdad en la película o actuación que diseccionan y, aunque el uso de este vocablo-concepto me produce repelús personal, humano, científico etc., en el caso de esta intervención no puedo evitar sentir lo mismo. Siento verdad, su verdad, que hago mía.

Peter Brown nos ofreció una revisitación de los orígenes de la Antigüedad Tardía que él creó, si bien, como es inevitable, a través de unos antecedentes historiográficos bien evidentes en las obras de ciertos autores de la primera mitad del s. XX. La historia y la historiografía misma son fenómenos de acumulación, no tanto de ruptura como de cambio y él aplicó esta noción con un grado de belleza intelectual difícilmente igualable.

Lo hizo desde un punto de vista tan personal como científico, con una humildad y un saber hacer del que debería tomar nota hasta el último orco del Mordor científico y que más de uno conocemos. Peter Brown tuvo el acierto desde su seminal The World of Late Antiquity de ofrecer un marco con rasgos propios, distintivos, en el que inscribir un período de tiempo que durante mucho tiempo se consideró problemático pues daba bandazos entre la historia antigua y la medieval.

Aquí debo comenzar propiamente mi “verdad”. Hace años, más años de los que me apetece reconocer, atendía a una asignatura obligatoria del último año de mi carrera de Historia en la Universidad Complutense. Se trataba de Tendencias Historiográficas del Mundo Antiguo y me la impartió otro historiador singular, Domingo Plácido. En aquel momento vivía tiempos de confusión (historiográfica) y, aunque, tenía claro que deseaba continuar con la historia, puesto que desde los doce años sabía qué quería hacer, dudaba sobre el tiempo. Desde qué inicié la carrera di bandazos por los distintos ámbitos de la historia: empecé interesándome por la Historia del Islam, pues el año anterior comencé la carrera de Filología Árabe y luego pasé a la Historia de América para más adelante introducirme definitivamente en dos ámbitos de los que no me separaría jamás hasta finalizar mis estudios: la Historia Antigua y la Medieval. Hice los dos itinerarios completos y cuando llegué al segundo ciclo seguía sin tenerlo claro. Tanto que decidí optar por Métodos y Técnicas Historiográficas, asignatura obligatoria de cuarto de carrera, en el Departamento de Medieval y, como ya he avanzado, por Tendencias Historiográficas de quinto en Historia Antigua. Seguía sin tenerlo claro hasta que Domingo Plácido nos indicó que a lo largo de su asignatura debíamos elegir un número de libros de historiografía del mundo antiguo para leerlos, analizarlos y comentarlos en clase. Sentí algunos momentos de vergüenza ajena con las elecciones de mis compañeros, puesto que no exagero si digo que el 90% de los libros escogidos se correspondían con libros expuestos en nuestra biblioteca en la sección de libre acceso, a ser posible con aquéllos de pequeño tamaño. No me excedo si digo que en una clase de quince, diez leyeron y comentaron El Hombre Romano y La Religión Romana de Pierre Grimal y cinco-seis lo hicieron con El Mundo de Odiseo de Moses I. Finley, o escogieron cosas lamentables como la Historia de Roma (o la de Grecia, tanto monta) de Indro Montanelli.

En aquel momento yo era becario de la biblioteca de la Facultad de Derecho de la UCM y entre mis aficiones,  aparte de procurar escurrir el bulto en el trabajo todo el tiempo que pudiera, se encontraba la de vagar por el catálogo de la Biblioteca de la universidad. Uno es así… Me encontré con dos libros cuyos títulos me atraparon y de los que jamás me podré arrepentir. Por una parte, descubrí La Revolución Romana de sir Ronald Syme, traducido estupendamente por Antonio Blanco Frejeiro (y vuelto a reeditar por Crítica muy recientemente, ¡un must para estas navidades!). Este libro me dejó en estado de shock, tanto que le considero el mejor libro de historia que jamás he leído y que probablemente nunca lea. Sin duda, es el libro que me gustaría poder escribir algún día. Su maravilloso estilo, su contundencia, su conocimiento del período y, especialmente, su mensaje, me dejaron prendado. El segundo libro que escogí fue precisamente El Mundo de la Antigüedad Tardía de Peter Brown editado, al igual que originalmente el de Syme, por Taurus y que, al contrario que ha ocurrido con el primero, clama al cielo que no haya vuelto a reeditarse. Editores españoles del mundo, si leéis esto, ¡no tardéis en haceros con sus derechos!

 

 

¿Por qué lo elegí? Por algo tan trivial como el título, pues por aquel entonces como la inmensa mayoría de los estudiantes de Historia en quinto año de carrera no tenía ni idea de absolutamente nada. El mismo título me atrapaba y me producía muchos interrogantes. ¿Antigüedad Tardía? ¿Qué puede significar eso? ¿Tarde y antiguo no es una extraña combinación? Etc. Ciertamente, ésta puede calificarse como la segunda mejor decisión de mi vida académica. La primera es, obviamente, haber hecho el doctorado con la inigualable, insuperable y estupenda Rosa Sanz Serrano (¡va por ti Rosa!). No tardé mucho en leerlo. No es un libro muy grueso, contiene muchas imágenes, ni tampoco difícil. Es simple, sencillo, transparente y todo aquel que conoce este mundo sabe lo complicado que es hacer algo similar, contar con entusiasmo y nitidez tanto en tan poco. Me capturó de inmediato, me causó tanta fascinación y deleite que, me acuerdo perfectamente, cuando lo terminé me dije a mí mismo que ya sabía adonde me debía encaminar. ¡La Antigüedad Tardía era mía! Se acabó la vacilación entre lo medieval y lo antiguo, puesto que había por fin hallado el mundo en el que me sentía cómodo, en su período de transición.

Cuando estaba escuchando a Peter Brown pensé una y otra vez en aquellos momentos, que me parecían tan lejanos y, gracias a su voz, tan cercanos. ¡Allí estaba el hombre que me llevó por este camino, hablándonos a nosotros, compartiendo su tiempo! Aunque aún no había leído mi tesis en aquel momento, sentí que había cerrado en cierto modo un círculo. Más tarde, avanzada la tarde y cuando abandonábamos la estupenda Academia de San Quirce de Segovia me atreví a cometer el mayor acto de peloteo de mi vida, si bien con buenas razones como he tratado de explicar antes. Me acerqué a Peter Brown y le dije lo importante que había sido en mi vida haberle leído en aquel momento. Me respondió con una sonrisa y me agradeció mis palabras, sin grandes alardes. Me sonrió y simplemente me preguntó sobre mi trabajo. Tuvimos una conversación estupenda que más tarde retomamos, conjuntamente con su encantadora esposa, en un bar de la Plaza Mayor de Segovia.

Aunque hoy día no comparta todos los argumentos de las tesis de Peter Brown y sobre todo de su escuela, tanto que, en opinión de un chispeante autor de una recensión cercana publicada en Bryn Mawr, mi postura se englobaría dentro de lo que denominó como Contrarreforma. No obstante, los méritos de Peter Brown son tantos, tan buenos y decisivos, que me rindo ante lo que ha hecho y le agradezco el haberme introducido en la Antigüedad Tardía.

¿Por qué? Éste es un período apasionante, de constante cambio y redefinición, de crisis y recreación en todos los planos de la existencia del mundo romano, desde el político al económico, desde el social al militar, desde el religioso al artístico. Nunca en la historia romana confluyeron tantos factores y sus consecuencias fueron duraderas en el posterior mundo medieval puesto que, como he indicado, la historia no es una sucesión de rupturas, sino un proceso acumulativo de cambios. No obstante, pese a esta constatación, la Antigüedad Tardía destaca sobremanera. Es un tiempo singular en el que se observa una integración muy particular entre el mundo romano y el bárbaro, puesto que el Imperio comenzaba a mostrar una debilidad flagrante, lo que conllevó una reformulación del estado romano a fondo, en el que con la forzada penetración del cristianismo se observa una explosión religiosa de efectos enormes en el período. Por otra parte, el feudalismo ya asomaba la patita. Una vez que el Imperio Romano de Occidente sucumbió, algunos de estos procesos adquirieron connotaciones propias y no menos apasionantes, si bien el mundo posrromano a partir de aquel momento, como es obvio, quedó fracturado y ciertas dinámicas adquirieron rumbos muy distintos entre sí.

Un inciso con respecto a la religión, a los conflictos de creencias en el mundo tardoantiguo. Por una parte, considero que éste momento, al menos en los siglos IV y V, se podría definir como un período de experimentación y hasta cierto punto como una especie de New Age espiritual retroactiva, en donde la tolerancia no brilló precisamente, si bien paradójicamente aunque el cristianismo buscase erradicar al paganismo, muy a menudo, no hacía otra cosa que incorporar consciente o inconscientemente elementos de éste. Resulta fascinante el choque entre el mundo pagano y el cristiano y, a su vez, entre las distintas ramas cristianas, pero no estoy interesado ni en la teología, ni en la historia de los obispos, ni tampoco considero que la tardoantigüedad se pueda vertebrar únicamente de acuerdo a este factor. En particular, estoy interesado en los efectos de este choque religioso en la sociedad, economía y política del momento y, por ello, estimo que la teología la deben analizar los teólogos, no los historiadores.

En cierto modo, y para mí esta apreciación es esencial, el mundo tardoantiguo tiene muchos puntos en común con el tiempo en el que vivimos. Al menos, en mi opinión y ante los acontecimientos políticos, sociales, económicos y el progreso tecnológico análogo, tengo la impresión de que vivimos en un período de transición sobre el cuál no puedo sino sentir los peores augurios.

No obstante y en definitiva… enjoy Late Antiquity!